Mi querido Magno:
Hoy mientras leía mi magnífico libro en el metro me acordé, de repente, de ti. Si. Me siguen angustiando las masas. Sigo sintiendo asco por los olores del metro. Así que entre desconocidos volví a viajar al pasado. Al día que te conocí hará unos 20 años. Yo me había cortado el flequillo y escondía mi pelo en los bolsillo del babi. Mientras yo lloraba escondida detrás de una puerta, tú me miraste esbozando una gran sonrisa y me dijiste: "Odio a las chicas pero estás muy guapa". Entonces dejé de llorar. Inmediatamente supe que te querría, de alguna manera en mi vida. Y así fue. ¿Te acuerdas de cuándo nos escapamos y me ayudaste a escalar la verja del cole? Se me quedó enganchada la falda y tu tiraste de mi brazo por el otro lado. Me acuerdo como si fuera ayer. Qué tiempos aquellos. Corrimos como locos calle abajo hasta llegar al río. Y ahí nos bañamos para soñar despiertos, pensando en qué seríamos cuando fuéramos mayores. Yo quería ser actriz y tú policía. Hoy pensé en aquél día y en lo libre que éramos entonces. Libres. También me acordé del día en que me defendiste porque un chico mayor me había destrozado la "tarta" de arena y agua que solía hacer durante los recreos. Cómo me gustó que me defendieras. Ahí aprendí que todas las mujeres queremos sentirnos, de algún modo, protegidas. Por eso nos encantan que nos recogan en las estaciones de tren, en los aeropuertos; nos gustan las demostraciones de fortalezas en sitios nostálgicos. No hacen falta actos violentos, pero si es necesario sentir que una tiene un refugio. Tú te convertiste en el mío pronto y aunque no sabía lo que era el amor, te quería y no me importaba decírtelo a diario.
Luego llegó la adolescencia, en la que te quería y te odiaba al mismo tiempo. Menuda etapa. Tenías demasiada ansia por vivir y yo no quería desprenderme de mis muñecas. Luego llegaron las prisas por desvestirnos, por querernos de manera madura, por jugar a ser adultos. Y se fastidió. Entonces me hiciste llorar y mucho daño e imagino que yo a ti también. Las escenas de celos. Rehacer nuestra vida con otras personas pero no poder vivir el uno sin el otro. Esas relaciones enfermizas que uno sólo se puede permitir tener cuando aún no es adulto. No era amor. Claro que no. Pero no me arrepiento. No soy como tú, yo te deseo el bien.
Luego me fui a Madrid y tu permaneciste inmovil. Pero luego volviste. Te acuerdas de cuando me pediste matrimonio en la Plaza de Colon? Bendita locura. Era un dia soleado. No te arrodillaste como en las peliculas. Solo me miraste y me dijiste: Malena, y si nos casamos? Senti que tocaba el cielo, no podiamos esconder la felicidad que sentiamos. Si. Que felicidad. Que felices eramos ignorando todo, viviendo en nuestro mundo, ajenos a todo. En aquellos dias nos deciamos te quiero todos los dias, como si el mundo fuera a acabar mañana. Ahora nadie dice te quiero. Tu y yo nunca lo comprendimos. Es una bendicion decir "te quiero"; deberia ser obligatorio en los colegios.
Tenias razon: deberia haberte cogido la mano y dar la vuelta el mundo. Pero no pude hacerlo. Te echo de menos, claro que si, y cuando oigo a Andres Suarez me doy cuenta de que "me hacia un valls para olvidarte". Ahora cada vez que paso por Colon me acuerdo de ti y en lo distinta que seria
mi vida si nos hubieramos casado. Ya no digo a diario "te quiero",
esta ciudad me ha enfriado. No se si alli donde vivas es mas comun decirlo. La gente en la capital es algo sombria, la gente esta quemada, las manifestaciones son diarias y se palpa la desilusion en el ambiente. En nuestra infancia esto no pasaba. Puede que tu no dejaras que yo me diera cuenta.
Cuando llego a una estacion de tren cada vez veo a menos novios recogiendo a sus novias. Y me acuerdo de ti. Tu nunca dejarias que yo volviera sola a casa. Me acompañaste durante años en bici hasta la puerta de mi casa. Me mentiste y me dijiste que vivias al lado, pero luego descubri que vivias en la otra punta del pueblo. Te acuerdas de aquello?
Seguro que si. Que bonito es volver a refugiarse en la dulce infancia en dias madrileños de lluvia (....)".
viernes, 28 de marzo de 2014
domingo, 23 de marzo de 2014
Domingos
Hay veces en la vida en que uno no sabe si está preparado para tomar determinadas decisiones. Obligas al mundo, o por lo menos a tu mundo, a deternerse un instante. Permaneces dubitativo. Algunos mucho tiempo, otros poco. Yo estaba estancada en un limbo hasta que una corriente de aire tiró de mis pies hacia el planeta tierra. A mi. A quien siempre le habían dado asco los idealistas. Así que me vi tomando decisiones sin saber si estaba preparada, buscando cosas que cuando las he encontrato no las he entendido. Así que decidí, hace no mucho, no pensarlo todo tanto. Probar y si no puedo retirarme a tiempo. Cuidar a enfermos de cáncer era una de estas decisiones que tomé sin pensar en un momento de mi vida de reflexión. Me vino a la cabeza la frase (no me acuerdo de quien era) de que cuando alguien está perdido, cuidando a los demás se encuentra a uno mismo. Así que me lancé a la aventura, esperando conocerme mejor. No se si he logrado conocerme del todo, pero un voluntariado te da una muy buena imagen de cómo va la sociedad.
Hay superávit de voluntarios. Lo primero que pensé es: ¡qué maravilla! Pronto me di cuenta de que poca gente lo hacía por empatía, sino que lo hacían por ellos mismos, empezando por mi. Las razones que mueven a las personas no es lo importante, la ayuda es siempre la misma. Cuando el refugio de parte de la juventud es un hospital, algo te dice que las cosas no van bien. Jamás pensé que haría falta ver a gente morir para que uno se sintiera humano. Pero, ahora que lo veo con mis propios ojos semana tras semana, me doy cuenta de la poca conciencia que hay. Cuando me meto en la boca del lobo todos los lunes, después de haberme pasado todo el domingo entre enfermos, las cosas ya no me afectan, no me importan, no me alteran. Pero no logro salir de mi asombro. Todo el mundo me parece tan raro, tan superficial, tan ajeno a una realidad. ¿Desde hace cuántos años vivo en un mundo paralelo? Ahora tengo yet lag de los viajes de Júpiter a Marte, de los domingos al resto de la semana.
Los domingos voy sin tacones, sin maquillaje, no tienen que saber mi nombre, ni mi profesión, ni los idiomas que hablo. Sólo importa el tamaño de mi sonrisa, la sinceridad en los ojos, pasar la mano por la espalda en el momento adecuado, escuchar, servir agua y cafés, leer, contar historias. Consolar a alguien que se muere, eso si que es presión, eso si que es una gran responsabilidad. Una palabra para ellos puede significar, en la mayoría de los casos, el mundo, la alegría de una tarde o una buena semana. Es magia. Creo que a las personas pasionales como yo no les sienta del todo bien. Hoy me ha preguntado un compañero si me encontraba bien. Y la verdad es que no. Hacía muchos años que no me sentía como si estuviera gritando en la mitad del desierto. Si no lo tuviera prohibido iría con una cámara y grabaría cada historia. Una detrás de otra. De cada una de las 27 personas a las que he visto hoy. Para que luego la gente de mi entorno se queje, porque la economía se va a la mierda, porque han engordado, porque han roto con sus respectivos, porque teniéndolo todo no saben ser felices...
Si alguna vez decidiera tener hijos, no les educaría en la ignorancia de la realidad (como hicieron conmigo). No quiero que mis descendientes tengan que ir a un hospital a convivir con la muerte para entender de qué va la vida. Bajo ningún concepto quiero que la vida les pille por sorpresa sin haberles dado herramientas para ser fuertes. Fuertes como un roble. No quiero que aprendan, como yo, a base de palos domingo tras domingo. No quiero que por protegerlos me salgan tontos idealistas. La enfermadad y la muerte es un común denominador para todos. Que nadie les engañe. Ahora rabio por aquellos que se creen inmortales, por los que dicen creer en Dios, por lo que se suponen que hacen algo por lo demás. Yo, que nunca había sido una "indignada" que no tenía una causa fijada, siento una fuerza sobrenatural por mejorar lo que veo.
Ahora, los domingos, son mis días de cruzada.
Hay superávit de voluntarios. Lo primero que pensé es: ¡qué maravilla! Pronto me di cuenta de que poca gente lo hacía por empatía, sino que lo hacían por ellos mismos, empezando por mi. Las razones que mueven a las personas no es lo importante, la ayuda es siempre la misma. Cuando el refugio de parte de la juventud es un hospital, algo te dice que las cosas no van bien. Jamás pensé que haría falta ver a gente morir para que uno se sintiera humano. Pero, ahora que lo veo con mis propios ojos semana tras semana, me doy cuenta de la poca conciencia que hay. Cuando me meto en la boca del lobo todos los lunes, después de haberme pasado todo el domingo entre enfermos, las cosas ya no me afectan, no me importan, no me alteran. Pero no logro salir de mi asombro. Todo el mundo me parece tan raro, tan superficial, tan ajeno a una realidad. ¿Desde hace cuántos años vivo en un mundo paralelo? Ahora tengo yet lag de los viajes de Júpiter a Marte, de los domingos al resto de la semana.
Los domingos voy sin tacones, sin maquillaje, no tienen que saber mi nombre, ni mi profesión, ni los idiomas que hablo. Sólo importa el tamaño de mi sonrisa, la sinceridad en los ojos, pasar la mano por la espalda en el momento adecuado, escuchar, servir agua y cafés, leer, contar historias. Consolar a alguien que se muere, eso si que es presión, eso si que es una gran responsabilidad. Una palabra para ellos puede significar, en la mayoría de los casos, el mundo, la alegría de una tarde o una buena semana. Es magia. Creo que a las personas pasionales como yo no les sienta del todo bien. Hoy me ha preguntado un compañero si me encontraba bien. Y la verdad es que no. Hacía muchos años que no me sentía como si estuviera gritando en la mitad del desierto. Si no lo tuviera prohibido iría con una cámara y grabaría cada historia. Una detrás de otra. De cada una de las 27 personas a las que he visto hoy. Para que luego la gente de mi entorno se queje, porque la economía se va a la mierda, porque han engordado, porque han roto con sus respectivos, porque teniéndolo todo no saben ser felices...
Si alguna vez decidiera tener hijos, no les educaría en la ignorancia de la realidad (como hicieron conmigo). No quiero que mis descendientes tengan que ir a un hospital a convivir con la muerte para entender de qué va la vida. Bajo ningún concepto quiero que la vida les pille por sorpresa sin haberles dado herramientas para ser fuertes. Fuertes como un roble. No quiero que aprendan, como yo, a base de palos domingo tras domingo. No quiero que por protegerlos me salgan tontos idealistas. La enfermadad y la muerte es un común denominador para todos. Que nadie les engañe. Ahora rabio por aquellos que se creen inmortales, por los que dicen creer en Dios, por lo que se suponen que hacen algo por lo demás. Yo, que nunca había sido una "indignada" que no tenía una causa fijada, siento una fuerza sobrenatural por mejorar lo que veo.
Ahora, los domingos, son mis días de cruzada.
jueves, 13 de marzo de 2014
Nada peor
Llevo todo el día lejos del ruedo; no por gusto sino porque la gripe me ha pillado de sorpresa. Me imagino que como el amor, que también llega sin avisarte. Hoy he tenido tiempo, mientras me alimentaba de antigripales para poder estar de vuelta en la cueva mañana, de ponerme al día (no sólo viendo Sálvame) sino también con mucha gente con la que hacía tiempo que no hablaba.
Se que no soy una bloggera corriente, ni siquiera puede que sea una bloggera de verdad. Muchas personas me escriben y me dicen que por qué hablo tanto del amor (o del desamor). Escribo sobre amor o desamor porque los sentimientos son iguales en cualquier país del mundo, porque me encanta saber que no somos tan diferentes los unos de los otros. En cualquier caso no voy a escribir sobre moda porque ni me gusta ni la entiendo. No soy carne de masas, ni de convencionalismos. No voy a publicar fotos de modelos que pesan 40 kilos porque me parece irreal. Si uno se quiere sentir mal solo tiene que comprarse una revista de belleza para ver a las mujeres cuyos cuerpos nunca tendrán, los restaurantes a los que no podrán ir y a los países y hoteles que no visitarán. No soy pesimista, soy sincera. Y justo hablando de ésto me viene a la cabeza esta maravillosa canción.
Hablo del amor porque creo que el amor, que no tiene que ser por un hombre o mujer, es el motor del mundo. Si no pudiéramos sentir amor seríamos como máquinas automátas. Cuando he leído estos correos me he parado a pensar en todas aquellas mujeres a las que he conocido y que estaban obsesionadas con enamorarse. Cualquier hombre valía, todo con tal de no sentirse solas. He hecho un poco de autocrítica y me he dado cuenta de que yo también he actuado así a veces (la verdad es que pocas). ¿Por qué tratamos de engañar a nuestra cabeza o, lo que es más grave, a nuestro corazón? Nacimos sin miedo (es algo científicamente demostrado), ¿cuándo aprendimos a tener miedo de todo? ¿De equivocarnos? ¿De sufrir? ¿De amar?
Solo hay una puta vida y la mitad de ella nos la pasamos tratando de averiguar qué pasará en el futuro. Oí hace poco una frase que me encantó: si quieres que Dios se ría cuéntale tus planes. No hay nada peor que el miedo al futuro o la obsesión con el pasado. No hay nada peor que morirse en vida, que pararse en la mitad del camino para lamernos las heridas. Nada peor que hechos que no controlamos condicionen tanto nuestra vida. No hay nada peor que no sentirse agradecido y bendecido cada mañana por el solo hecho de estar respirando. Si echas de menos a alguien no te agobies, no está tan lejos de ti, al fin y al cabo veis a diario la misma luna y el mismo sol. Si no te quieren ahora, al menos te quisieron en el pasado; si nunca te amaron, te amará otra persona cuando tengas una relación sana, madura y emocionalmente inteligente contigo misma. En todo caso, keep on walking.
Cuando nos ponemos a caminar nos olvidamos de que la tierra es redonda, lo que significa que si la otra persona tomó el camino de la derecha volverás a encontrártela; si saliste huyendo del punto de partida volverás, tarde o temprano, a el. Pero no pasa nada. Sólo hay que aprender a no tener miedo. Las cosas jodidas en la vida suceden el día menos esperado a la hora más rara y de un modo que nunca te imaginarías. No pasa nada. Estamos hechos de hierro, de madera para barcos. Aunque no tengamos esa confianza en nosotros. No hay nada peor que subestimarse. Puede que esté un poco tsunami, algo kamikaze, pero hay que vivir. Vivir y vivir. Aunque sean cosas buenas o malas, de todo se aprende. Aunque querer pueda ser autodestructivo, dejar el trabajo una auténtica locura.
A veces hay que perderse para encontrarse a uno mismo. Y no pasa nada. No hay nada peor que el miedo.
Se que no soy una bloggera corriente, ni siquiera puede que sea una bloggera de verdad. Muchas personas me escriben y me dicen que por qué hablo tanto del amor (o del desamor). Escribo sobre amor o desamor porque los sentimientos son iguales en cualquier país del mundo, porque me encanta saber que no somos tan diferentes los unos de los otros. En cualquier caso no voy a escribir sobre moda porque ni me gusta ni la entiendo. No soy carne de masas, ni de convencionalismos. No voy a publicar fotos de modelos que pesan 40 kilos porque me parece irreal. Si uno se quiere sentir mal solo tiene que comprarse una revista de belleza para ver a las mujeres cuyos cuerpos nunca tendrán, los restaurantes a los que no podrán ir y a los países y hoteles que no visitarán. No soy pesimista, soy sincera. Y justo hablando de ésto me viene a la cabeza esta maravillosa canción.
Hablo del amor porque creo que el amor, que no tiene que ser por un hombre o mujer, es el motor del mundo. Si no pudiéramos sentir amor seríamos como máquinas automátas. Cuando he leído estos correos me he parado a pensar en todas aquellas mujeres a las que he conocido y que estaban obsesionadas con enamorarse. Cualquier hombre valía, todo con tal de no sentirse solas. He hecho un poco de autocrítica y me he dado cuenta de que yo también he actuado así a veces (la verdad es que pocas). ¿Por qué tratamos de engañar a nuestra cabeza o, lo que es más grave, a nuestro corazón? Nacimos sin miedo (es algo científicamente demostrado), ¿cuándo aprendimos a tener miedo de todo? ¿De equivocarnos? ¿De sufrir? ¿De amar?
Solo hay una puta vida y la mitad de ella nos la pasamos tratando de averiguar qué pasará en el futuro. Oí hace poco una frase que me encantó: si quieres que Dios se ría cuéntale tus planes. No hay nada peor que el miedo al futuro o la obsesión con el pasado. No hay nada peor que morirse en vida, que pararse en la mitad del camino para lamernos las heridas. Nada peor que hechos que no controlamos condicionen tanto nuestra vida. No hay nada peor que no sentirse agradecido y bendecido cada mañana por el solo hecho de estar respirando. Si echas de menos a alguien no te agobies, no está tan lejos de ti, al fin y al cabo veis a diario la misma luna y el mismo sol. Si no te quieren ahora, al menos te quisieron en el pasado; si nunca te amaron, te amará otra persona cuando tengas una relación sana, madura y emocionalmente inteligente contigo misma. En todo caso, keep on walking.
Cuando nos ponemos a caminar nos olvidamos de que la tierra es redonda, lo que significa que si la otra persona tomó el camino de la derecha volverás a encontrártela; si saliste huyendo del punto de partida volverás, tarde o temprano, a el. Pero no pasa nada. Sólo hay que aprender a no tener miedo. Las cosas jodidas en la vida suceden el día menos esperado a la hora más rara y de un modo que nunca te imaginarías. No pasa nada. Estamos hechos de hierro, de madera para barcos. Aunque no tengamos esa confianza en nosotros. No hay nada peor que subestimarse. Puede que esté un poco tsunami, algo kamikaze, pero hay que vivir. Vivir y vivir. Aunque sean cosas buenas o malas, de todo se aprende. Aunque querer pueda ser autodestructivo, dejar el trabajo una auténtica locura.
A veces hay que perderse para encontrarse a uno mismo. Y no pasa nada. No hay nada peor que el miedo.
martes, 11 de marzo de 2014
Vuelta
A veces me cuesta salir de la cama. No porque sienta tristeza, sino por que, a veces, me gustaría volver a mi infancia, a aquellos momentos en los que me esondía debajo de la manta y me ponía a soñar. Pensaba en sitios remotos y lejanos, creía que con 20 años (cuando fuera vieja) estaría casada y viviendo en algún país exótico. Si. A veces me encantaría quedarme un día cualquiera entre semana enterrada debajo de mi edredón y volver a hacer lo mismo. Hace no mucho lo solía hacer. No me he acordado hasta hoy. Solía quedarme un buen rato debajo del edredón con él, a veces incluso lloraba porque no quería salir a la calle. Como cuando eres pequeña y no querías ir al cole. Así me pasaba una media hora. Haciendo la "bolita". Sin prisas. El mundo desde debajo del edredón y de la mano de la persona a la que quieres es distinto. Es más benévolo, menos agresivo, más dulce aunque puede que también algo más amargo.
Y ahora, antes de que suene el despertador, ya me han pitado varias veces las blackberrys del trabajo, como si fuera una señal que me dijera: "Mariquita, vuelve a la tierra". Y en ese momento maldigo a las prisas, al ritmo frenético, a la obsesión...A veces me encantaría tener debajo de mi cuarto un aquiarum con tiburones blancos, para poder lanzar determinados sentimientos a sus enormes mandíbulas. Quizás también tiraría al vecino de arriba, que debe ser bailaor de flamenco nocturno.
He vuelto al ruedo, a las tostadas frías por las mañanas, a tomarme el café de pie y corriendo, a los tacones de vértigo, las faldas, las chaquetas con camisas, a las calls interminables. Si. He vuelto al ruedo, he despertado de mi sosiego y me he metido de lleno a torear toros bravos. He vuelto a los corazones rebajados, a los amores de barra, a los sábados de resaca, a los domingos de nostalgia, a los "te echo de menos" inoportunos, a las mariposas inadecuadas en el estómago; a los viajes repentinos, a la espontaneidad, a la adicción por vivir cosas nuevas. He vuelto a ser, en parte, quien era hace muchos años. Estoy, por fin, viviendo mi vida y no la de otros.
Y ahora, antes de que suene el despertador, ya me han pitado varias veces las blackberrys del trabajo, como si fuera una señal que me dijera: "Mariquita, vuelve a la tierra". Y en ese momento maldigo a las prisas, al ritmo frenético, a la obsesión...A veces me encantaría tener debajo de mi cuarto un aquiarum con tiburones blancos, para poder lanzar determinados sentimientos a sus enormes mandíbulas. Quizás también tiraría al vecino de arriba, que debe ser bailaor de flamenco nocturno.
He vuelto al ruedo, a las tostadas frías por las mañanas, a tomarme el café de pie y corriendo, a los tacones de vértigo, las faldas, las chaquetas con camisas, a las calls interminables. Si. He vuelto al ruedo, he despertado de mi sosiego y me he metido de lleno a torear toros bravos. He vuelto a los corazones rebajados, a los amores de barra, a los sábados de resaca, a los domingos de nostalgia, a los "te echo de menos" inoportunos, a las mariposas inadecuadas en el estómago; a los viajes repentinos, a la espontaneidad, a la adicción por vivir cosas nuevas. He vuelto a ser, en parte, quien era hace muchos años. Estoy, por fin, viviendo mi vida y no la de otros.
jueves, 20 de febrero de 2014
De los pájaros y de las aceitunas.
"Mi mundo. El que era mío ahora empieza a ser nuestro. Mi papel en blanco, mis normas, tu olor impregnado en él. Las mañanas, suaves, agridulces, frías, cansadas, diferentes, nuevas, extrañas. Casualidades. La vida que, como un río, te empuja y te coloca en el lugar correcto y en el momento preciso. Tu pelo, mi pelo. Tu mano, mi mano. Tu pie, mi pie. No. No es amor porque no te conozco. Eres, como yo, un cazafanstasmas. Haces que olvide y que no piense. Tú y yo. El aquí y el ahora. Nada más importa. El manto oscuro de la noche nos protege y nuestro conjuro nos mantiene unidos, a nosotros, dos desconocidos sedientos de vivir aún en proceso de recomponer nuestros corazones rotos. El pasado no nos importa, ni nos pesa. Nos entendemos: ni el pasado ni el futuro importan. Me coges fuerte de la mano mientras paseamos y mientras dormimos juntos por el temor a que salga corriendo. No sé si mañana lo haré pero hoy estoy aquí, contigo.
Vivir, respirar, pensar. No me atropellas. No me encierras en una jaula. Bendita libertad que me hace sentir joven. Viva. Viva. Por fin viva. No somos esclavos de dogmas ni de convencionalismos. Vivimos con los ojos bien abiertos, con el corazón agradecido. Pero lo más importante es que vivimos. No hay reproches, no hay miedo, ni fantasmas. Somos ligeros, benevolentes, sosegados, risueños, joviales, locos, irracionales, valientes, atrevidos, descarados, fogosos, espontáneos, alocados, contradictorios, peligrosos, venenosos pero, sobre todo, humanos, demasiado humanos. Dormimos poco pero soñamos juntos. No tenemos un sendero, ni un futuro escrito en las estrellas. Pero no importa. Si el futuro ha de unirnos tendremos que resolver el enigma que nos envuelve. No hay prisa, desvísteme despacio que tengo toda la vida por delante.
Sonríes y sonrío, respiras y respiro. Resucitan las mariposas. El mundo es un lugar diferente contigo. Y aunque sea con engaños que me ilusione ahora, no quiero vivir mas el vacío. Contigo no hay rutinas ni rituales ni santuarios. No puedo predecir que harás mañana, criatura salvaje y adorable. Eres como un caballo salvaje, pero me has permitido andar contigo sentada en tu lomo, sin montura ni estribos. Solos tú y yo por el campo.
Has sido el único que ha volado lo suficientemente alto como para poder ver que yo soy como un olivo de muchas aceitunas; solo que éstas estaban muy altas y nadie que caminaba por la tierra era capaz de verlas. Así que, una vez que habías volado alto, bajaste a la tierra y removiste bien el tronco. Y cayeron, de pronto, todas las aceitunas. Y aunque tuviste incluso que emplear un palo para que todas cayeran, lograste removerme tanto que ya no tengo aceitunas olvidadas. Todas cayeron y todas, amor, son tuyas. Todas y cada una de ellas.
Me da igual no conocerte todavía. Ya me he imaginado tu cara, tus manos, tu olor y tu piel. Miro, cada mañana, al cielo para ver quién es el pájaro que vuela sobre mi cabeza para ver mis aceitunas. Intuyo quién eres, pero el color de tu plumaje hace que no pueda verte bien sobre mi cielo; nuestro cielo. Tu esencia, mi esencia. Tú un pájaro y yo un olivo cargado de aceitunas".
Una pequeña parte de mi supuesta novela, Las Cuatro Estaciones, con la que llevo años de lucha conmigo misma por acabarla.
Vivir, respirar, pensar. No me atropellas. No me encierras en una jaula. Bendita libertad que me hace sentir joven. Viva. Viva. Por fin viva. No somos esclavos de dogmas ni de convencionalismos. Vivimos con los ojos bien abiertos, con el corazón agradecido. Pero lo más importante es que vivimos. No hay reproches, no hay miedo, ni fantasmas. Somos ligeros, benevolentes, sosegados, risueños, joviales, locos, irracionales, valientes, atrevidos, descarados, fogosos, espontáneos, alocados, contradictorios, peligrosos, venenosos pero, sobre todo, humanos, demasiado humanos. Dormimos poco pero soñamos juntos. No tenemos un sendero, ni un futuro escrito en las estrellas. Pero no importa. Si el futuro ha de unirnos tendremos que resolver el enigma que nos envuelve. No hay prisa, desvísteme despacio que tengo toda la vida por delante.
Sonríes y sonrío, respiras y respiro. Resucitan las mariposas. El mundo es un lugar diferente contigo. Y aunque sea con engaños que me ilusione ahora, no quiero vivir mas el vacío. Contigo no hay rutinas ni rituales ni santuarios. No puedo predecir que harás mañana, criatura salvaje y adorable. Eres como un caballo salvaje, pero me has permitido andar contigo sentada en tu lomo, sin montura ni estribos. Solos tú y yo por el campo.
Has sido el único que ha volado lo suficientemente alto como para poder ver que yo soy como un olivo de muchas aceitunas; solo que éstas estaban muy altas y nadie que caminaba por la tierra era capaz de verlas. Así que, una vez que habías volado alto, bajaste a la tierra y removiste bien el tronco. Y cayeron, de pronto, todas las aceitunas. Y aunque tuviste incluso que emplear un palo para que todas cayeran, lograste removerme tanto que ya no tengo aceitunas olvidadas. Todas cayeron y todas, amor, son tuyas. Todas y cada una de ellas.
Me da igual no conocerte todavía. Ya me he imaginado tu cara, tus manos, tu olor y tu piel. Miro, cada mañana, al cielo para ver quién es el pájaro que vuela sobre mi cabeza para ver mis aceitunas. Intuyo quién eres, pero el color de tu plumaje hace que no pueda verte bien sobre mi cielo; nuestro cielo. Tu esencia, mi esencia. Tú un pájaro y yo un olivo cargado de aceitunas".
Una pequeña parte de mi supuesta novela, Las Cuatro Estaciones, con la que llevo años de lucha conmigo misma por acabarla.
miércoles, 19 de febrero de 2014
Vikingas y princesas
Desde pequeña siempre he creído que existen dos tipos de mujeres: las princesas y las vikingas. Mi madre, por ejemplo, es una vikinga. Las mujeres vikingas tienen algo especial, que no se puede aprender, que forma parte de su ADN y que las hace no ser aptas para todos los públicos. Saben lo que quieren, pueden asustar de primeras por dar la sensación de que pueden comerse el mundo pero en el fondo son criaturas sensibles, vulnerables pero, sobre todo, predecibles. Tengo que confesar que siento debilidad por las vikingas, por el prototipo de mujer fuerte que se peina para atrás y que es capaz de soportar lo que le venga dado. Me viene a la mente este vídeo mientras escribo.
Lo que más me llama la atención de las vikingas es que son capaces de hincharse a llorar y después salir del baño como si no hubiera pasado nada. Son valientes. Y mucho. No miran para atrás ni para coger impulso. Y eso me encanta. Su fortaleza y energía se contagia con tenerlas cerca. No interpretan un papel, no pretenden encantar, solamente se preocupan de vivir (o, algunas de sobrevivir). Les importa un carajo cuál sea el canon de belleza, las reglas, si son o no políticamente incorrectas; no tienen tiempo para chorradas porque han pasado media vida luchando. Por eso son vikingas.
Lo bueno que tienen las vikingas es que tienen los pies en la tierra, no idealizan a nada ni a nadie. Saben que la vida es jodida, que el amor no es una película de Disney ni sueñan con levantarse cada día con un ramo de flores en la almohada. Ellas van más allá, porque tienen una capacidad sobrenatural de calar a la gente y de entenderla. Por eso son tan fieles: han asumido que no existen príncipes azules, no quieren redentores, sólo quieren a alguien que les agarre la mano y no las suelte nunca. Intentan, por todos los medios, compatibilizar su vida familiar con su trabajo; son mujeres familiares, a las que les encanta cuidar de sus polluelos. Pero tienen algo claro y es que no se deja NUNCA un trabajo. No le pidas a una vikinga que lo abandone todo, porque no lo hará.
Luego están las princesas, que también son fundamentales en la vida de muchas personas (en especial para aquellos hombres con complejo de Superman). Sofisticadas, suaves, políticamente correctas, perfectas, siempre saben qué decir en el momento adecuado. Y su voz. Tranquila, bajita. Las princesas son sigilosas, como los gatos, e impredecibles. Viven en un mundo en donde existen las hadas madrinas, los ponis, los príncipes azules que van por la vida montados en un caballo. Para las princesas la vida TIENE que ser perfecta; no pueden hacerse a la idea de que sea de otro modo. Necesitan que cuiden de ellas porque la mayoría no saben hacerlo por si solas. El ser una princesa no es nada malo (no juzgo), a algunas las han educastrado y a otras simplemente les parece más cómodo que sean otros los que se ocupen de ella, que las teledirijan (para gustos los colores). Incluso hay hombres que prefieren a las princesas que a las vikingas, son mas fáciles de digerir aunque, insisto, la mayor parte de las veces son impredecibles.
Como bien dice la foto, necesitan una antorcha, una media naranja, un medio limón, un medio algo externo ya que parten de una premisa (a mi parecer) errónea y es creer que necesitan tres piernas en lugar de dos para caminar. A veces me gustaría tener un poco de princesa. Ser más pausada, no tener tanto nervio corriendo por mi estómago, tener menos vitalidad, ser menos realista y más idealista, pensar en que existen un príncipe azul esperándome por algún lado y que va a hacer de mi vida un camino de rosas. Las envidio. De veras. Porque las princesas han vivido (y viven) de una manera tan ajena a la realidad que dan envidia. Lo que pasa con las princesas y el con el hecho de que viven en Plutón, es que suelen hacer buenos destrozos cuando empiezan a bajar al planeta Tierra. Y, amigos, eso es una gran gran putada. Se agobian, desaparecen, mandan todo al carajo y esconden la cabeza debajo de la tierra en cuanto pueden. No es que sean malas ni malvadas, ellas no conocen la maldad, es sólo que nadie les ha enseñado a vivir. Así que, improvisan.
Vikingas y princesas, nos vemos en las calles (vikinga, no te enciendas no es un desafío y tranquila, princesa, no es una amenaza).
Lo que más me llama la atención de las vikingas es que son capaces de hincharse a llorar y después salir del baño como si no hubiera pasado nada. Son valientes. Y mucho. No miran para atrás ni para coger impulso. Y eso me encanta. Su fortaleza y energía se contagia con tenerlas cerca. No interpretan un papel, no pretenden encantar, solamente se preocupan de vivir (o, algunas de sobrevivir). Les importa un carajo cuál sea el canon de belleza, las reglas, si son o no políticamente incorrectas; no tienen tiempo para chorradas porque han pasado media vida luchando. Por eso son vikingas.
Lo bueno que tienen las vikingas es que tienen los pies en la tierra, no idealizan a nada ni a nadie. Saben que la vida es jodida, que el amor no es una película de Disney ni sueñan con levantarse cada día con un ramo de flores en la almohada. Ellas van más allá, porque tienen una capacidad sobrenatural de calar a la gente y de entenderla. Por eso son tan fieles: han asumido que no existen príncipes azules, no quieren redentores, sólo quieren a alguien que les agarre la mano y no las suelte nunca. Intentan, por todos los medios, compatibilizar su vida familiar con su trabajo; son mujeres familiares, a las que les encanta cuidar de sus polluelos. Pero tienen algo claro y es que no se deja NUNCA un trabajo. No le pidas a una vikinga que lo abandone todo, porque no lo hará.
Luego están las princesas, que también son fundamentales en la vida de muchas personas (en especial para aquellos hombres con complejo de Superman). Sofisticadas, suaves, políticamente correctas, perfectas, siempre saben qué decir en el momento adecuado. Y su voz. Tranquila, bajita. Las princesas son sigilosas, como los gatos, e impredecibles. Viven en un mundo en donde existen las hadas madrinas, los ponis, los príncipes azules que van por la vida montados en un caballo. Para las princesas la vida TIENE que ser perfecta; no pueden hacerse a la idea de que sea de otro modo. Necesitan que cuiden de ellas porque la mayoría no saben hacerlo por si solas. El ser una princesa no es nada malo (no juzgo), a algunas las han educastrado y a otras simplemente les parece más cómodo que sean otros los que se ocupen de ella, que las teledirijan (para gustos los colores). Incluso hay hombres que prefieren a las princesas que a las vikingas, son mas fáciles de digerir aunque, insisto, la mayor parte de las veces son impredecibles.
Como bien dice la foto, necesitan una antorcha, una media naranja, un medio limón, un medio algo externo ya que parten de una premisa (a mi parecer) errónea y es creer que necesitan tres piernas en lugar de dos para caminar. A veces me gustaría tener un poco de princesa. Ser más pausada, no tener tanto nervio corriendo por mi estómago, tener menos vitalidad, ser menos realista y más idealista, pensar en que existen un príncipe azul esperándome por algún lado y que va a hacer de mi vida un camino de rosas. Las envidio. De veras. Porque las princesas han vivido (y viven) de una manera tan ajena a la realidad que dan envidia. Lo que pasa con las princesas y el con el hecho de que viven en Plutón, es que suelen hacer buenos destrozos cuando empiezan a bajar al planeta Tierra. Y, amigos, eso es una gran gran putada. Se agobian, desaparecen, mandan todo al carajo y esconden la cabeza debajo de la tierra en cuanto pueden. No es que sean malas ni malvadas, ellas no conocen la maldad, es sólo que nadie les ha enseñado a vivir. Así que, improvisan.
Vikingas y princesas, nos vemos en las calles (vikinga, no te enciendas no es un desafío y tranquila, princesa, no es una amenaza).
lunes, 17 de febrero de 2014
Pulgas en el corazón.
"Hola! Soy N, amiga de P. Le he escrito antes para decirle que me encanta tu blog y lo identificada q me siento con las cosas que escribes (....) Hace ahora un año empecé a "liarme" con un chico. La cosa empezó despacio pero nos veíamos, quedábamos bastante para cenar, ir al cine, tomar algo... Todo iba bien, a mi parecer, aunque una amiga que tenemos en común siempre me advertía de que no era un chico para nada más que para un rollo, que no estaba preparado para tener nada más. Hace unos años mi ex me dejo, por teléfono y de la noche a la mañana. Desde entonces no había vuelto a estar con ningún chico, ni siquiera darme un beso. Estuve así año y medio hasta que empecé con J. Desde hacia muchísimo que no sentía nada parecido por nadie. Con el estaba bien, me divertía, me parecía todo interesantísimo. No le pedía nada más. Pocas veces hablamos de nosotros, cuando lo hacíamos era yo quien le decía "no quiero nada más" "yo estoy bien así". La única regla que teníamos era que en el momento que alguno de los dos se fuese con otra persona, lo nuestro se acababa (...). Cuando escribes sobre el miedo a que otra persona ocupe el lugar que tu quieres, lo que le echo de menos y por orgullo muchas veces no hago o no digo, lo atormentada que me tiene el recuerdo de R, lo feliz q era con él y que ahora es todo incertidumbre de ¿pasara algo más? ¿No? Lo pase mal por él, peor de lo que quise o me hubiese imaginado. Pero me levanté. Me juré a mi misma no volver a caer en sus redes y cataplum! Pero ahora estoy mucho más segura de mi misma. Ahora no tengo el miedo de el año pasado de "este chico me gusta no hagas nada q pueda hacer que le pierdas". Ahora soy yo, si quiere bien y si no no me estoy quieta. Me muevo sola. Es algo que J a la fuerza me enseño. Con el superé lo de mi ex y me he reencontrado a mi misma. Pero también se que ahora mismo, a pesar de toda la incertidumbre y el miedo, sólo quiero caminar con él. Quiero que vuelva, y sólo se que con el soy feliz así que he mandado mis promesas de "nunca más con el" a la porra porque estoy tan bien cuando estoy con él que aunque dure un segundo prefiero vivir ese segundo con él que arrepentirme mañana de no haber vuelto a besarle. A todo esto, lo que opina J es una verdadera incógnita! Jajajja
Menuda parrafada! Espero que no te hayas quedado dormida!!"
Queridísima N:
Perdona por haber resumido tanto tu carta siento también no haberte contestado antes (contestarte el día de San Valentín me parecía de mal gusto). Me ha encantado, ha sido como un viaje a mi pasado porque viví hará unos 8 años una situación muy parecida a la que estás viviendo. Muchas gracias por tus palabras y por pedirme mi opinión al respecto. Me alegra mucho que las cosas que escribo en mi blog te ayuden y que te sientas identificada (me siento menos sola). Eres una valiente, no todo el mundo pide consejos u opiniones a completos desconocidos. No nos conocemos así que sólo te hablaré de las cosas que me has escrito en tu carta. Tu carta tiene mucha información así que procuraré contestarte de una manera ordenada.
Me alegro de que hayas superado lo de tu ex novio. Es fundamental estar en paz con el pasado y perdonar a aquellas personas que nos hicieron daño. Yo olvido rápido las cosas (buenas y malas) pero algunas me han costado mucho. Esta semana, sin ir más lejos, he perdonado a dos personas (una ex amiga y un ex novio) que me hicieron un buen roto en mi vida el año pasado. Así que bravo por ti, y por el hecho de que hayas logrado cerrar esa etapa. De todas manera, un tío que te deja por teléfono es un completo capullo, así que, querida N, menudo muerto te has quitado de encima. Menos mal que se retrató a si mismo y no tuviste que descubrirlo tú.
Creo que no seré la primera persona que te diga que tu relación con J no es sana. No me mal interpretes, no soy una moralista, es una cuestión bastante simple: traicionó tu confianza cuando se lió con otra (con independencia de que no tuvierais un compromiso serio, habíais sentado las reglas del juego y eran bastante claras). Eso te removió tus miedos más profundos y debería haber sido empático y habértelo contado en el momento o habérselo ahorrado. También te diré que tu speech desde el principio ("no quiero nada serio" etc) también hizo que se lo pusieras en bandeja de plata. Como le dejes la jaula un poco abierta a un tío, querida N, va a volar. Sin quererlo, y probablemente sin saberlo, le diste alas y voló. Alto además. Nunca dejes que nadie alimente tus fantasmas. Y tampoco lo hagas tu misma.
Me da la sensación de que te quiere aunque no se bien de qué manera. Hay una regla de oro para la estabilidad emocional: el futuro ni el pasado pueden atormentarte. Si quieres intentarlo con él entierra el pasado y olvídate del futuro. Nadie sabe qué va a pasar. Podría pedirte la mano mañana y dejarte a los 6 meses. Lo único seguro en la vida es la muerte, no lo olvides nunca. Por eso, FUERA LOS MIEDOS. Una no puede vivir en una lucha constante entre la razón y el corazón; tienes que encontrar un equilibrio. Con esto quiero decir que no te tires a la piscina si no sabes que, por lo menos, el agua te va a cubrir hasta el tobillo. Tampoco hace falta que esté llena del todo. Esta vida está diseñada solamente para los que cruzan el río. Yo tengo una máxima en la vida: prefiero arrepentirme de las cosas que he hecho que de las cosas que no he hecho. Me consuela mirar atrás y pensar "lo intenté; lo intenté hasta la extenuación pero no logré".
J tiene un problema importante y es que desparece como el Guadiana. A su antojo, cuando quiere. Entra y sale de tu vida. Y eso no se lo puedes consentir. A él ni a nadie. Tenemos ya una edad en la que estamos cansadas de tantos juegos. Por eso, si fuera tú, me preguntaría: ¿quiero estar con un hombre así? ¿Qué a la mínima de cambio desparece? ¿Qué no tiene las cosas claras? A veces nos empeñamos en querer estar con alguien (y aunque parezca absurdo) no nos hemos parado a pensar si queremos estar con esa persona. No es justo para ti que J entra y salga de tu vida, porque te duele mucho.
Créate tu mundo, reinvéntate, rehaz tu vida con otros hombres aunque no sientas con ellos el nudo en el estómago que sientes con J, es mejor sentirte tranquila y querida que morirte de amor. Hazme caso en esto: el control emocional es poder. Si J tiene que ser para ti volverá; si es lo suficientemente inteligente volverá, nadie inteligente deja escapar a una mujer que está loca de amor por él. Nadie. Por una razón muy sencilla: es muy difícil que una mujer se enamore de verdad (aunque todo el mundo piense lo contrario). En el momento en el que J no esté en tu cabeza atraerás a otros hombres que te querrán con locura; hombres que no desparecerán y que no te soltarán la mano; que no querrán salvarte de la tormenta sino que querrán estar contigo debajo de la tormenta.
Pero suelta a J. Leí esto y me acordé de ti.
Corre el riesgo de que te pierda (no de que tú le pierdas a él, él te ha perdido porque ha querido). A veces, mi querida N, desaparecer y rehacer tu vida es el único camino que nos queda para ser felices porque recuerda que nadie te va a querer más que tú a ti misma. Enamórate de ti todos los días y no dejes que nadie que no forme parte de tu vida controle tus sentimientos.
Besos,
Mariquita Pérez.
J tiene un problema importante y es que desparece como el Guadiana. A su antojo, cuando quiere. Entra y sale de tu vida. Y eso no se lo puedes consentir. A él ni a nadie. Tenemos ya una edad en la que estamos cansadas de tantos juegos. Por eso, si fuera tú, me preguntaría: ¿quiero estar con un hombre así? ¿Qué a la mínima de cambio desparece? ¿Qué no tiene las cosas claras? A veces nos empeñamos en querer estar con alguien (y aunque parezca absurdo) no nos hemos parado a pensar si queremos estar con esa persona. No es justo para ti que J entra y salga de tu vida, porque te duele mucho.
Créate tu mundo, reinvéntate, rehaz tu vida con otros hombres aunque no sientas con ellos el nudo en el estómago que sientes con J, es mejor sentirte tranquila y querida que morirte de amor. Hazme caso en esto: el control emocional es poder. Si J tiene que ser para ti volverá; si es lo suficientemente inteligente volverá, nadie inteligente deja escapar a una mujer que está loca de amor por él. Nadie. Por una razón muy sencilla: es muy difícil que una mujer se enamore de verdad (aunque todo el mundo piense lo contrario). En el momento en el que J no esté en tu cabeza atraerás a otros hombres que te querrán con locura; hombres que no desparecerán y que no te soltarán la mano; que no querrán salvarte de la tormenta sino que querrán estar contigo debajo de la tormenta.
Pero suelta a J. Leí esto y me acordé de ti.
Corre el riesgo de que te pierda (no de que tú le pierdas a él, él te ha perdido porque ha querido). A veces, mi querida N, desaparecer y rehacer tu vida es el único camino que nos queda para ser felices porque recuerda que nadie te va a querer más que tú a ti misma. Enamórate de ti todos los días y no dejes que nadie que no forme parte de tu vida controle tus sentimientos.
Besos,
Mariquita Pérez.
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