"Déjame. Huir. A algún lugar. Y esconderme. No te preocupes por mi, Catalina me ayudará cuando me ponga a cubierto. Déjame. Alegrarme por ti. Por tus triunfos. Por tus fracasos. Por los momentos en los que brindo a solas con tu recuerdo. Déjame. Añorarte aunque repudie la nostalgia. No quiero que nos convirtamos en desconocidos. Vuela, ríe, ama, sal, baila, haz el amor y siéntete viva. Yo te observo, como a los toros, desde la barrera. Pero, ante todo, no me odies por cómo decidí encajar las piezas de mi puzle. Aunque nunca lo sepas, te perdoné antes de que me besaras por primera vez. Eras una mujer veneno. Tu voz. Tu olor. Tu caminar. Todo eran señales que presagiaban el drama que iba a ser quererte. Si. Tu veneno fue impregnando mis poros, mezclándose con mi sangre. Y yo, estúpido, te seguí hasta lanzarme por el vacío. Quererte fue una manera de autolesionarme. Porque nunca logré entenderte ni quererte lo suficiente como para que estuvieras contenta y feliz. No solo querías el mundo sino que también se te antojaban todos los planetas del sistema solar. "Regálame la Osa Mayor" me dijiste en tu balcón entre copas de vino y manos impacientes. Así que te pinté la Osa Mayor con un carboncillo en uno de tus lienzos hasta que tus párpados, cansados, se rindieron. Entonces eras luz y yo luciérnaga. Decían que tu belleza se quebrantaba con tu caos pero yo te amaba más cuando actuabas de manera irracional. Sentía que debía protegerte del mundo (...)". De G.F.
miércoles, 9 de septiembre de 2015
jueves, 13 de agosto de 2015
Un Stradivarius en el armario
A veces. A veces me pregunto si vuelves atrás en el tiempo y revuelves alguna de nuestras fotos. O si haces cosas mas ordinarias como leer las incoherencias que aquí escribo o meterte a ver mi Facebook. Si vuelves a recordar el desorden de mi nombre. El sosiego de mi caos. Si lo haces, quizás te des cuenta de que yo, yo mas allá del perímetro de mi castillo, es decir, yo sin barreras, era un Stradivarius en tu armario. Un violín viejo aunque de corta edad. Cansado de ser tocado, verano tras verano, en verbenas de pueblo mezclado entre violines de medio pelo.
Quizás ahora entiendas por que sonaba mal cuando tocabas y es que no sabias que entre tus manos estaba yo, un Stradivarius. O puede que tal descubrimiento fuera el empujón para que salieras corriendo. Tu ready steady go. Ya sabes que hay hombres no violinistas que no pueden tener a una mujer que valga la pena. O que sepan mirar a la vida, y también a la muerte, de frente. Mujeres que no viven y mueren por ser las mas guapas. Ni que corren ni gritan en rebajas. Ni que son inteligentes y, lo que es peor, que tienen una exitosa carrera profesional. Ni que se maquillan a todas horas, lo que vienen siendo las mujeres reales y no muñecas.
Y ahora entiendo a mi abuela cuando decía que a enemigo que huye puente de plata. Mirarme ahora. Yo que siempre decía que el amor que vuelve nunca es el que te esperabas pensando en que el amor era un recurso, como el petróleo, limitado, mermandose la capacidad de dar y recibir sin condiciones. Una vela encendida con una mecha corta. Pero me equivocaba. Porque un Stradivarius nunca deja de ser lo que es, por muchas verbenas a las que haya ido. Así que, de repente, aparece un violinista que entreve el Stradivarius en el armario. Lo deja libre, lo afina y se lo lleva a la Scala milanesa donde encuentra una felicidad infinita. Tanta felicidad que asusta porque a veces lo bueno parece irreal. Y va naciendo una relación estrecha, diferente, siamesa. Libre, sin armarios ni verbenas. Dos pilares separados pero haciendo fuerza para mantener en pie el mismo edificio.
Si me ves o lees te habrás dado cuenta de que tu huida fue tu ultimo y mejor regalo. Que te adoro porque te fuiste lo que permitió que pronto apareciera mi violinista que tiro abajo, en treinta segundos, los armarios. Que le prendió fuego a las ordinarias verbenas. Que me enseñó un nuevo mundo. Que respira por mi cuando yo no puedo y que sopla detrás de mi cuando voy perdiendo fuerza en el camino. Que cuando desafino y el publico de la Scala no se pone en pie se esmera en afinarme. Que disfruta cuidando de mi y sufre si yo sufro y sangro si yo sangro. Mi violinista. Que me abraza por las noches aunque el calor apriete.
El violinista, mi violinista, que tiene callos en las manos de tanto tocarme.
domingo, 10 de mayo de 2015
Cuando éramos asi
Querida amiga:
Yo también, intento, no vivir en el pasado. Es una losa. Una mochila cargada de piedras. Pero, a veces, no viene mal recordar como éramos. Como era antes. La vida. El amor. Nuestras reflexiones sobre la vida, el destino. Y si, yo también lloro escondida detrás de una puerta cuando echo de menos cuando éramos así. Y ahora estoy sentada en mi terraza, o mas bien la terraza que alguien normal puede permitirse en Londres. La mujer de la ventana de al lado esta fumando. Y mientras leo tu carta esta sonando Luis Ramiro. He cerrado los ojos y amiga, ahí estábamos. En La Latina tomándonos una clara y hablando sin parar sobre el futuro. Ingenuas. Fumando. Riendo y coqueteando con lo vario pinto del barrio. Y luego volvíamos a mi casa. Aquella que alquilaste en mi nombre en la calle Sacramento un verano que yo no estaba en Madrid. Quien iba a decirnos donde estaríamos 4 años después. Nuestro sueño de ser escritoras ha quedado enmudecido por el sonido del teclado de nuestro ordenador del trabajo, por el sonido del metro y, en mi caso, por los aullidos de los lobos. Y si, mi abuela esta muy orgullosa de su nieta abogada en la banca pero tu, amiga, sabes, tan bien como yo, que yo vivo en otro puto planeta. Pero te envidio porque a ti siempre se te dio mejor ejercer el papel de adulta, de esposa, de novia. Y a mi. A mi siempre me costaba llevar una vida normal. Y tu tirabas y tirabas de mi y me decias una y mil veces lo importante que era la rutina y la normalidad. Mientras yo paseaba por el Palacio Real, sola, y me sentaba en el Café de Oriente a escribir en el cuaderno que me compre en India. Y aunque eso ya paso y estoy en el tiempo de descuento, a veces no viene mal recordar como éramos entonces y lo que echo de menos de mi otra vida. No se por donde empezar. Porque echo de menos un sinfín de cosas. Echo de menos el calor de la gente en España. El oír lo bueno y lo malo, los relatos íntimos e interminables. Echo de menos a la gente que llora de risa o de pena. Este es territorio de sujetos inanimados. De gente que no tiene 5 minutos para un cafe. Que no tiene tiempo para temblar, ni siquiera de frío. Gente que es tan pobre que lo único que tiene es dinero. Que esta ciega y sorda. Con corazones de piedra por la ambición. Que juegan con el mundo a su antojo porque esta en sus manos. Que no saben que estrés es ver a un niño morir y no perder dinero. Pero, amiga, aquí encontré a mi mitad aunque tu y yo sabemos que yo no pertenezco aquí. Pero aquí estoy, aguantando, porque siempre dijimos que el amor movía montañas. También echo de menos Libertad 13. Todo de Libertad 13. A Berta poniendo el cafe pronto por las mañanas, a Sultan corriendo por el pasillo. A las bolleras hard core del bar de abajo. Libertad 8 y su sinfín de conciertos de los que te ponen la piel de gallina. Los micro teatros de Malasaña. Los besos furtivos en el portal de casa. El aperitivo en el Mercado de San Anton. El Junco. La cena con las niñas y los gin tonics que iban desnudando nuestros miedos. Echo de menos correr en El Retiro. Al concursante de Gran Hermano que abrió la taberna de la esquina. Las fiestas de Chueca en la Plaza del Rey y la gran cantidad de vino que bebíamos entonces entre semana. Y, por supuesto, te echo de menos a ti. Y me parte en dos estar perdiéndonos esta etapa juntas. Y no voy a verte mas a menudo porque no soporto irme y me paso las dos horas de vuelta llorando como una magdalena en el avión. Sabes que no soy un animal de despedidas. Pero parte de mi vive ahí, porque las dos sabemos que aquí estoy de paso. Y por si no te lo dije nunca, llevo tu carta de 2003 en mi cartera que leo cuando tengo ganas de gritar y no puedo.
Quizas algún día volvamos al ser cuando éramos así...
Yo también, intento, no vivir en el pasado. Es una losa. Una mochila cargada de piedras. Pero, a veces, no viene mal recordar como éramos. Como era antes. La vida. El amor. Nuestras reflexiones sobre la vida, el destino. Y si, yo también lloro escondida detrás de una puerta cuando echo de menos cuando éramos así. Y ahora estoy sentada en mi terraza, o mas bien la terraza que alguien normal puede permitirse en Londres. La mujer de la ventana de al lado esta fumando. Y mientras leo tu carta esta sonando Luis Ramiro. He cerrado los ojos y amiga, ahí estábamos. En La Latina tomándonos una clara y hablando sin parar sobre el futuro. Ingenuas. Fumando. Riendo y coqueteando con lo vario pinto del barrio. Y luego volvíamos a mi casa. Aquella que alquilaste en mi nombre en la calle Sacramento un verano que yo no estaba en Madrid. Quien iba a decirnos donde estaríamos 4 años después. Nuestro sueño de ser escritoras ha quedado enmudecido por el sonido del teclado de nuestro ordenador del trabajo, por el sonido del metro y, en mi caso, por los aullidos de los lobos. Y si, mi abuela esta muy orgullosa de su nieta abogada en la banca pero tu, amiga, sabes, tan bien como yo, que yo vivo en otro puto planeta. Pero te envidio porque a ti siempre se te dio mejor ejercer el papel de adulta, de esposa, de novia. Y a mi. A mi siempre me costaba llevar una vida normal. Y tu tirabas y tirabas de mi y me decias una y mil veces lo importante que era la rutina y la normalidad. Mientras yo paseaba por el Palacio Real, sola, y me sentaba en el Café de Oriente a escribir en el cuaderno que me compre en India. Y aunque eso ya paso y estoy en el tiempo de descuento, a veces no viene mal recordar como éramos entonces y lo que echo de menos de mi otra vida. No se por donde empezar. Porque echo de menos un sinfín de cosas. Echo de menos el calor de la gente en España. El oír lo bueno y lo malo, los relatos íntimos e interminables. Echo de menos a la gente que llora de risa o de pena. Este es territorio de sujetos inanimados. De gente que no tiene 5 minutos para un cafe. Que no tiene tiempo para temblar, ni siquiera de frío. Gente que es tan pobre que lo único que tiene es dinero. Que esta ciega y sorda. Con corazones de piedra por la ambición. Que juegan con el mundo a su antojo porque esta en sus manos. Que no saben que estrés es ver a un niño morir y no perder dinero. Pero, amiga, aquí encontré a mi mitad aunque tu y yo sabemos que yo no pertenezco aquí. Pero aquí estoy, aguantando, porque siempre dijimos que el amor movía montañas. También echo de menos Libertad 13. Todo de Libertad 13. A Berta poniendo el cafe pronto por las mañanas, a Sultan corriendo por el pasillo. A las bolleras hard core del bar de abajo. Libertad 8 y su sinfín de conciertos de los que te ponen la piel de gallina. Los micro teatros de Malasaña. Los besos furtivos en el portal de casa. El aperitivo en el Mercado de San Anton. El Junco. La cena con las niñas y los gin tonics que iban desnudando nuestros miedos. Echo de menos correr en El Retiro. Al concursante de Gran Hermano que abrió la taberna de la esquina. Las fiestas de Chueca en la Plaza del Rey y la gran cantidad de vino que bebíamos entonces entre semana. Y, por supuesto, te echo de menos a ti. Y me parte en dos estar perdiéndonos esta etapa juntas. Y no voy a verte mas a menudo porque no soporto irme y me paso las dos horas de vuelta llorando como una magdalena en el avión. Sabes que no soy un animal de despedidas. Pero parte de mi vive ahí, porque las dos sabemos que aquí estoy de paso. Y por si no te lo dije nunca, llevo tu carta de 2003 en mi cartera que leo cuando tengo ganas de gritar y no puedo.
Quizas algún día volvamos al ser cuando éramos así...
lunes, 16 de marzo de 2015
Carta a un corazón podrido de latir
Para ti, para la que llora. O para la que se siente nostálgica. Para la que tenga que abrazar un recuerdo con la misma urgencia que el jonkie que va a por una papelina. Para ti. Si tu. Para la que quiere mucho y recibe poco. O para la que quiso y se termino. Para la que se siente sola y ve como la vida pasa. Para las que se beben las penas en las barras de los bares. Para las que quisieron que las cosas funcionaran pero que abandonaron el papel de novias o mujeres perfectas. Para todos los corazones podridos de latir.
Déjale ir si ya se fue. Olvida y respira. Una y mil veces respira. Sal a la calle y hazlo. Baja la ventanilla de un coche cuando haga sol y saca la cabeza con los ojos cerrados. Mientras puedas seguir haciendo eso y estés viva estas a salvo. Créeme. Estas a salvo. Si tienes ira corre hasta que no puedas mas. Después espera que pase el flato y sigue corriendo hasta que estés tan cansada que solo sientas alivio. Engaña a tu alma agotando a tu cuerpo. Perdona aunque no tengas a nadie que te haya pedido perdón. El odio pudre cualquier cañería. Arreglate ya seas gorda flaca blanca amarilla negra rubia pelirroja o castaña. Arreglate, sonríe y comete a tu soltería. Por arriba, por abajo, de los lados. Liate contigo misma y quierete, mimate. Pero, sobre todo, cuidate.
Tu. Deja de beber y de cerrar todos los bares. Ahí no vas a encontrar nada que te llene. No vas a encontrar a un pie al que acariciar a medianoche un lunes ni que te ayude con la compra cuando pesa y las manos se ponen moradas. Lo único que vas a conseguir es un polvo mediocre con cualquier gilipollas. Cultiva tu cabeza y cuida de ti misma. Huye de los hombres que huelen a mala vida, nunca traen nada bueno y recuerda: no es solo lo que vales es también lo que te mereces.
Y a ti, ya lo intentaste y, encima. fuiste lo suficientemente valiente para decirlo en voz alta. No eres Jesucristo así que no tienes porque estar crucificada en una cruz de madera. Lo importante es que lo intentaste y no salió. Por la persona, por ti, por las circunstancias. No funciono. No te culpes. No te presiones. No eras feliz. Da como vértigo. De ese vértigo que sientes en la tripa y no sabes bien si es de miedo o de emoción. Cuando lloras y no sabes si es de alegría o de pena. Y los sentimientos de alivio que se tornan en un mantea culpabilistico. Sin cesar. Todo el día. No te sientas culpable de no estar enamorada.
Nada esta perdido si se tiene por fin el valor de proclamar que todo esta perdido y que hay que empezar de nuevo
Déjale ir si ya se fue. Olvida y respira. Una y mil veces respira. Sal a la calle y hazlo. Baja la ventanilla de un coche cuando haga sol y saca la cabeza con los ojos cerrados. Mientras puedas seguir haciendo eso y estés viva estas a salvo. Créeme. Estas a salvo. Si tienes ira corre hasta que no puedas mas. Después espera que pase el flato y sigue corriendo hasta que estés tan cansada que solo sientas alivio. Engaña a tu alma agotando a tu cuerpo. Perdona aunque no tengas a nadie que te haya pedido perdón. El odio pudre cualquier cañería. Arreglate ya seas gorda flaca blanca amarilla negra rubia pelirroja o castaña. Arreglate, sonríe y comete a tu soltería. Por arriba, por abajo, de los lados. Liate contigo misma y quierete, mimate. Pero, sobre todo, cuidate.
Tu. Deja de beber y de cerrar todos los bares. Ahí no vas a encontrar nada que te llene. No vas a encontrar a un pie al que acariciar a medianoche un lunes ni que te ayude con la compra cuando pesa y las manos se ponen moradas. Lo único que vas a conseguir es un polvo mediocre con cualquier gilipollas. Cultiva tu cabeza y cuida de ti misma. Huye de los hombres que huelen a mala vida, nunca traen nada bueno y recuerda: no es solo lo que vales es también lo que te mereces.
Y a ti, ya lo intentaste y, encima. fuiste lo suficientemente valiente para decirlo en voz alta. No eres Jesucristo así que no tienes porque estar crucificada en una cruz de madera. Lo importante es que lo intentaste y no salió. Por la persona, por ti, por las circunstancias. No funciono. No te culpes. No te presiones. No eras feliz. Da como vértigo. De ese vértigo que sientes en la tripa y no sabes bien si es de miedo o de emoción. Cuando lloras y no sabes si es de alegría o de pena. Y los sentimientos de alivio que se tornan en un mantea culpabilistico. Sin cesar. Todo el día. No te sientas culpable de no estar enamorada.
Nada esta perdido si se tiene por fin el valor de proclamar que todo esta perdido y que hay que empezar de nuevo
lunes, 26 de enero de 2015
Reconciliaciones
No creo en escupir reflexiones sobre un año 2 días después de engullir doce uvas y vivir una resaca de campeonato. No. Las reflexiones son el resultado, como su propio nombre indica, del arte de reflexionar, que no es poco. En mi caso son tardías. Quizas porque odio el mes de enero. La puta cuesta de enero. Cuando te ves gorda, sin un duro, odiando a tu jefa, a tu trabajo, las prisas del metro y los repulsivos hedores de la gente que no se quita el abrigo dentro de un vagón atestado de personas. Es aquí cuando escupo las mías. Cuando pienso, joder, otro año mas. Gracias.
Creo que el 2014 ha sido un año de reconciliaciones. Empezo con mi vida sentimental siendo un tren dirigido a un barranco. Un barranco con una mar inmensa y profunda por debajo. Creo que cuando un tren se cae a la mar profunda no hay que tirarse a ella en busca del tren. Aprendi, con esta metáfora, que no hay que seguir a la persona que sale por la puerta ni que se tira por la ventana.
A veces vamos como locos, gritando al aire por que no somos felices, por que no encontramos el amor o estamos tan insatisfecho teniéndolo todo. Y la respuesta es, a veces, extraordinariamente simple. Porque no nos hemos reconciliado. No nos reconciliamos con el amor, con la vida, con la salud. Y entramos en una espiral auto destructiva sin retorno. Bebemos, bailamos y volvemos a beber. Metiéndonos en la cama de personas que no quitan la sed. No paramos. Solo vivimos y vivimos con un lastre pesado. No se habla de lo que sucedió. Lloramos en soledad por vergüenza. La culpa impide que progresemos. El orgullo te impide coger el telefono y perdonar a aquellos que te jodieron.
Yo me propuse reconciliarme y desde entonces nada ha hecho mas que mejorar. Me reconcilie en primer lugar conmigo misma. Colgue las ginebras cargadas y los pitillos finos y empece a amamantar y a llenar de información a mi cabeza. Disfrutando de los sábados sin resaca. Luego me reconcilie con el amor. Perdone a todos los (cabrones) de mis ex parejas. Una a una. Me fui acercando y, aunque no lo sabían, les fui perdonando. Y entonces encontré a mi futuro marido. Y entendí, en pocas semanas, todo. Todo lo que había leído sobre el amor, el pasado. Todo. Después del amor me reconcilie con un horrible veneno llamado cáncer que esta amargando a la mitad de mi alma. Cuando creía que iba a arrancarme los ojos de tanto llorar, decidí mirar a este hijo puta de frente y decirle aquí te esperamos. No te tenemos miedo. Tras el cancer, me reconcilie con el miedo y tire los orfidales por el mismo precipicio al que cayo el tren. Tire también a las personas tóxicas o vampiros energéticos. Y así, en el 2014, cree un vertedero en el mi fondo marino.
Ahora todos son felices ahora con Bob Esponja...
Creo que el 2014 ha sido un año de reconciliaciones. Empezo con mi vida sentimental siendo un tren dirigido a un barranco. Un barranco con una mar inmensa y profunda por debajo. Creo que cuando un tren se cae a la mar profunda no hay que tirarse a ella en busca del tren. Aprendi, con esta metáfora, que no hay que seguir a la persona que sale por la puerta ni que se tira por la ventana.
A veces vamos como locos, gritando al aire por que no somos felices, por que no encontramos el amor o estamos tan insatisfecho teniéndolo todo. Y la respuesta es, a veces, extraordinariamente simple. Porque no nos hemos reconciliado. No nos reconciliamos con el amor, con la vida, con la salud. Y entramos en una espiral auto destructiva sin retorno. Bebemos, bailamos y volvemos a beber. Metiéndonos en la cama de personas que no quitan la sed. No paramos. Solo vivimos y vivimos con un lastre pesado. No se habla de lo que sucedió. Lloramos en soledad por vergüenza. La culpa impide que progresemos. El orgullo te impide coger el telefono y perdonar a aquellos que te jodieron.
Yo me propuse reconciliarme y desde entonces nada ha hecho mas que mejorar. Me reconcilie en primer lugar conmigo misma. Colgue las ginebras cargadas y los pitillos finos y empece a amamantar y a llenar de información a mi cabeza. Disfrutando de los sábados sin resaca. Luego me reconcilie con el amor. Perdone a todos los (cabrones) de mis ex parejas. Una a una. Me fui acercando y, aunque no lo sabían, les fui perdonando. Y entonces encontré a mi futuro marido. Y entendí, en pocas semanas, todo. Todo lo que había leído sobre el amor, el pasado. Todo. Después del amor me reconcilie con un horrible veneno llamado cáncer que esta amargando a la mitad de mi alma. Cuando creía que iba a arrancarme los ojos de tanto llorar, decidí mirar a este hijo puta de frente y decirle aquí te esperamos. No te tenemos miedo. Tras el cancer, me reconcilie con el miedo y tire los orfidales por el mismo precipicio al que cayo el tren. Tire también a las personas tóxicas o vampiros energéticos. Y así, en el 2014, cree un vertedero en el mi fondo marino.
Ahora todos son felices ahora con Bob Esponja...
miércoles, 3 de diciembre de 2014
Cuando termina el baile
Cuando termina el baile y llego a casa a colgar mi disfraz, me encanta la manera en la que me abrazas. Como si el disfraz fuera un pesado chaleco anti balas. Y me contemplas, inmóvil, indefensa, apaciguando la tormenta con el calor que desprendes.
Cuando termina el baile, me quito el maquillaje, las medias tupidas y me arranco con las manos los ojos cansados para poder ver de cerca el milagro. Que no es otro que la recompensa por haber querido tanto. Ahora sin fuegos artificiales pero con una calma propia de la madurez. No. No estoy ciega.
Cuando termina el baile disfruto de ti en silencio. Y me pongo a pensar en las horas que mal gaste hablando y en el miedo que le tenia por el temor a que supusiera una brecha. He aprendido a hablar sin palabras que es la forma mas pura de manifestar tu amor por alguien.
Cuando termina el baile no hay dramas, ni carreras por los pasillos, ni almohadas húmedas al amanecer, ni dramas, ni dolor del que paraliza y te deja sin respirar. Solo hay un enorme respeto, pudiendose palpar la valentía en el aire de nuestro mundo.
Cuando termina el baile juntos nos comemos el mundo, nuestro mundo. Y de repente nuestras creencias cobran sentido. Reimos y concluimos que probando se encuentra. No dejamos de intentar hacernos feliz el uno al otro.
Cuando termina el baile no tenemos que evitarnos para conservarnos. Tenemos en nuestra sangre la pasión, la prisa y muy presente el hecho de lo efímero que es todo. Afrontamos la vida con lo poco, o mucho, que tenemos. Pero somos dos pilares, que aun a veces lejos, soportamos el peso de un edificio.
Cuando termina el baile y te duermes te doy las gracias infinitas por haber aparecido en mi vida cuando estaba empezando a pensar que era una loca por querer querer a alguien de manera infinita. No lo sabes porque no quiero que sepas que eres como un milagro. Una estrella fugaz en un mal día de invierno. El hada madrina de la triste Cenicienta.
Cuando termina el baile es entonces cuando me sacas a bailar en el salón de mi casa. Poniendo mis pies sobre los tuyos.
Cuando termina el baile tu, solo tu.
Cuando termina el baile, me quito el maquillaje, las medias tupidas y me arranco con las manos los ojos cansados para poder ver de cerca el milagro. Que no es otro que la recompensa por haber querido tanto. Ahora sin fuegos artificiales pero con una calma propia de la madurez. No. No estoy ciega.
Cuando termina el baile disfruto de ti en silencio. Y me pongo a pensar en las horas que mal gaste hablando y en el miedo que le tenia por el temor a que supusiera una brecha. He aprendido a hablar sin palabras que es la forma mas pura de manifestar tu amor por alguien.
Cuando termina el baile no hay dramas, ni carreras por los pasillos, ni almohadas húmedas al amanecer, ni dramas, ni dolor del que paraliza y te deja sin respirar. Solo hay un enorme respeto, pudiendose palpar la valentía en el aire de nuestro mundo.
Cuando termina el baile juntos nos comemos el mundo, nuestro mundo. Y de repente nuestras creencias cobran sentido. Reimos y concluimos que probando se encuentra. No dejamos de intentar hacernos feliz el uno al otro.
Cuando termina el baile no tenemos que evitarnos para conservarnos. Tenemos en nuestra sangre la pasión, la prisa y muy presente el hecho de lo efímero que es todo. Afrontamos la vida con lo poco, o mucho, que tenemos. Pero somos dos pilares, que aun a veces lejos, soportamos el peso de un edificio.
Cuando termina el baile y te duermes te doy las gracias infinitas por haber aparecido en mi vida cuando estaba empezando a pensar que era una loca por querer querer a alguien de manera infinita. No lo sabes porque no quiero que sepas que eres como un milagro. Una estrella fugaz en un mal día de invierno. El hada madrina de la triste Cenicienta.
Cuando termina el baile es entonces cuando me sacas a bailar en el salón de mi casa. Poniendo mis pies sobre los tuyos.
Cuando termina el baile tu, solo tu.
miércoles, 29 de octubre de 2014
Una y mil veces
Entra. Sin llamar a la puerta. No pasa nada, el timbre no funciona y deje, a conciencia, la puerta sin cerrar. Entra. Entra y revuelve. Agitame como a un olivo. Creo que aun pueden caer aceitunas.
Sigue dándome la mano por las calles, dejándome tu abrigo cuando llueve o regañandome cuando me fumo un cigarro a escondidas. Sigue. Sigue con el presente sin obligarme a prendarte mi alma. Sigue besandome la frente y la punta de la nariz. Sigue intentando llegar a la versión de mi que alguien robo hace un tiempo. No te ex quiero, ni te requiero. Nunca demasiado pronto y nunca demasiado tarde para nada. Pero tiembla. Tiembla no solo de frío sino también de alegría. De nervios por enfrentarte a lo desconocido. De miedo por que existe la remota posibilidad de que lo que hoy tienes mañana se te escape. Rie. Riete conmigo, de mi, de la vida, de esta ciudad tan llena de gente pero tan solitaria.
Coge una botella de aquel vino blanco y ponme las canciones de Leonard Cohen y como el mismo diria dance me till the end of love. No me dejes dormir, tenemos que ponernos al dia. Déjame despierta hasta que los sueños ya no duelan. Aparentemos ser dos locos. Creemos un mundo y vivamos dentro de el. Podriamos construirlo debajo de nuestros edredones. Comamos y bebamos. Brindemos porque respiramos. Porque nos levantamos. Porque estamos progresando adecuadamente en el arte de amar.
No te impacientes, no hay prisa mi vida. Tenemos aun mil vidas.
Sigue dándome la mano por las calles, dejándome tu abrigo cuando llueve o regañandome cuando me fumo un cigarro a escondidas. Sigue. Sigue con el presente sin obligarme a prendarte mi alma. Sigue besandome la frente y la punta de la nariz. Sigue intentando llegar a la versión de mi que alguien robo hace un tiempo. No te ex quiero, ni te requiero. Nunca demasiado pronto y nunca demasiado tarde para nada. Pero tiembla. Tiembla no solo de frío sino también de alegría. De nervios por enfrentarte a lo desconocido. De miedo por que existe la remota posibilidad de que lo que hoy tienes mañana se te escape. Rie. Riete conmigo, de mi, de la vida, de esta ciudad tan llena de gente pero tan solitaria.
Coge una botella de aquel vino blanco y ponme las canciones de Leonard Cohen y como el mismo diria dance me till the end of love. No me dejes dormir, tenemos que ponernos al dia. Déjame despierta hasta que los sueños ya no duelan. Aparentemos ser dos locos. Creemos un mundo y vivamos dentro de el. Podriamos construirlo debajo de nuestros edredones. Comamos y bebamos. Brindemos porque respiramos. Porque nos levantamos. Porque estamos progresando adecuadamente en el arte de amar.
No te impacientes, no hay prisa mi vida. Tenemos aun mil vidas.
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